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Últimamente hablamos mucho sobre seguridad en todos los ámbitos de la vida. Los ordenadores no están excluidos y se han escritos páginas y páginas sobre la seguridad, pero bastante poco acerca de lo que queremos asegurar y cuál es el costo, en dinero y trabajo, de la relación seguridad-necesidad o conveniencia.
El entorno sobre el que opera un ordenador no difiere mucho del entorno de nuestra casa, la oficina, una empresa, una gran empresa o simplemente el Estado.
Cada uno de estos ámbitos tiene una relación formada por el valor de lo que queremos asegurar con las medidas que adoptamos para llevar a cabo esa seguridad. La seguridad cuesta trabajo y dinero y si bien en nuestro ámbito personal, o sea, el ordenador que tenemos en nuestra casa, podemos establecer unas normas y unas barreras con un poco de trabajo y nada de dinero, no está de más tener en cuenta, cuáles son las necesidades reales de protección.
Está claro que cuanto más valiosos son los datos y la operabilidad de un sistema informático, como puede serlo un banco o el servicio de controladores de vuelo de un aeropuerto, más sofisticado y caro será el sistema de protección de aquel equipo, pero la necesidad de estos equipos dista mucho de aquel equipo que tenemos instalado en nuestra casa.
Todo esto sucede, en gran parte, porque hasta la fecha no existe ningún ordenador/sistema 100% seguro, salvo que esté suspendido en el espacio y dentro de una «Caja de Faraday», sin ningún tipo de conexión exterior, claro.
Pero, vamos a lo práctico.
Empezaremos por lo más sencillo, el ordenador de casa. Como esta es una página de documentación de Ubuntu, por lo tanto un sistema GNU/Linux, aplicando lo expuesto más arriba, asumimos que nuestro equipo necesita protección. GNU/Linux no es por lo tanto un sistema 100% seguro, en gran medida porque fue diseñado para compartir o sea operar en redes de manera flexible. Y esta flexibilidad es en sí misma su debilidad. No hablaremos aquí del mundo de Windows, dado que allí las vulnerabilidades son aun mucho mayores, además de ser mejor blanco de ataques, dada su implantación masiva. Nuestro sistema necesita atención y sobre todo, tener muy claro qué función estará destinado a ofrecer.
Lo primero que nos pasa por la cabeza cuando hablamos de seguridad, son los virus. Esta paranoia la heredamos de Windows por la enorme cantidad de código malicioso que se ha desarrollado para este sistema operativo y, de la misma manera que no encendemos un mechero cerca de un surtidor de gasolina, tampoco conectamos un equipo con Windows a la red sin un poderoso antivirus.
Afortunadamente en GNU/Linux, este problema prácticamente no existe. Hay muy pocos virus conocidos para Linux y por otra parte digamos que es mas difícil que se instalen en nuestro equipo sin nuestro consentimiento, gracias a la arquitectura del propio sistema operativo, que mantiene un orden de jerarquía férreo sobre las posibilidades de inclusión de nuevo software en nuestra máquina.
Pero existen otras amenazas que no son sólo virus.
La primera medida debemos tomarla desde el momento en que instalamos un sistema operativo en nuestra máquina.
Sistema --> Preferencias --> Combinaciones de teclas. Buscamos «bloquear pantalla» que por defecto es: <Ctrl-Alt-L> y la cambiamos por la que nos guste
Hay que pensar que, una vez que estamos conectados a la red, nuestro ordenador es como nuestra casa, está aislada del resto de nuestros vecinos por su entorno físico, pero tiene puerta, para que podamos entrar e incluso para permitir el acceso de otros en caso necesario. Esa puerta de entrada, en el ordenador es la conexión a Internet.
En el caso de nuestra casa, si nos paramos a observar, la seguridad la representa la cerradura que tenemos en la puerta de entrada, las rejas de las ventanas que dan al jardín y el sistema de alarma. Si vivimos en un piso, sólo la puerta de entrada está protegida, y no mucho.
¿Por qué? Porque seguro que hemos hecho una valoración de lo que tenemos dentro y hemos calculado que con una cerradura buena y una puerta blindada, alejará a muchos intrusos impacientes, pero si alguien se empeña en entrar, lo hará, incluso los cerrajeros que te abren la puerta cuando te dejas la llaves dentro, lo hacen en un parpadeo.
Pero establecemos una buena política en cuanto a normas de seguridad interior, para preservar nuestros bienes e incluso nuestra integridad, como por ejemplo, no encender fuegos dentro de la casa, las velas e inciensos lejos de las cortinas, prohibido fumar en la cama, la instalación de la electricidad y el gas revisados periódicamente, etc. Y con esto, vivimos tranquilos, no paranoicos. Ahora, el responsable de la seguridad informática del Pentágono, seguro que estará paranoico, y con razón, dado lo que guarda.
Hasta aquí, las consideraciones mínimas para un ordenador doméstico. Pero este ordenador estará conectado a la red, o sea abrimos la puerta para salir y, si la dejamos abierta, otros pueden entrar. Veremos cómo mantener la puerta cerrada.